Seguro que alguna vez has visto uno de esos perros que obedecen a sus dueños a las mil maravillas, sin rechistar y a la primera.
Todo lo contrario al tuyo, ¿verdad?
La cuestión es que debemos educarle desde que llega a casa.
Por mucho que sea un cachorrito “monísimo”, hay que empezar pronto a establecer las reglas. Así, será más fácil que a los pocos meses puedas enseñarle las órdenes básicas.
Y para eso, uno de los métodos que funciona mejor es el de los premios.
Es mucho mejor que le premies con algo que le gusta cuando te obedezca a que le grites. Además, verás lo que es capaz de hacer por un trocito de salchicha…
Recuerda que los perros aprenden por repetición, así que ármate de paciencia y dale un premio cada vez que obedezca (cuando se siente, cuando dé la pata…)
Ten cuidado de no premiarle nunca si acabas de reñirle o si acaba de hacer alguna trastada, porque entonces no entenderá qué está bien y qué está mal y le crearás un buen lío.
Cuando después de algunos intentos (y sí, puede que sean muchos) haya aprendido la orden, ve retirando algunos premios de comida y felicítale con palabras.
¡También estará encantado de saber que lo ha hecho bien!
Foto de Sin miedo
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