
Los perros, los animales de compañía por antonomasia, tienden a desarrollar conductas de apego demasiado marcadas. Es decir, les cuesta muchísimo separarse de sus amos, a los que idolatran, llegando a sufrir ansiedad por separación.
¿Por qué tienden a esta actitud? Generalmente, la vida de un perro se caracteriza por situaciones que les produce una profunda aflicción. La primera situación es cuando se separan de su madre, con quien tienen un profundo vínculo afectivo al estar amamantados por ella. También la lucha por llegar primero a la “teta”, es su instinto de lucha por sobrevivir. Por tanto, no es de extrañar que cuando llegan a su nuevo hogar, desconocido, se sientan vulnerables y desarrollen este profundísimo apego hacia quien les proporciona alimento y cariño.
Por tanto, es fundamental que adoptemos una actitud especial con nuestro cachorro. Debemos mimarlos, darle cariño, recompensas, pero no malcriarlos o hacerlos sufrir sin motivo. Es importante tener una relación sana, afectuosa, sin olvidarnos que es un animal muy sensible, pero no un ser humano racional.
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